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Impossibilium nulla obligatio.

June 16, 2008 (3 weeks ago) – 12:44 pm

Impossibilium nulla obligatio: A lo imposible, nadie está obligado. Aforismo jurídico, debido al jurisconsulto Juvencio Celso (siglo I a.C.) y que ha pasado a proverbio vulgar, sinónimo del que dice: Ad impossibile nemo tenetur (A lo imposible nadie está obligado).

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Amor vincit omnia

June 11, 2008 (4 weeks ago) – 9:03 pm

“Ibo et Chalcidico quae sunt mihi condita versu carmina pastoris Siculi modulabor avena.
Certum est in silvis inter spelaea ferarum
malle pati tenerisque meos incidere Amores
arboribus: crescent illae, crescetis, Amores”.
“Omnia vincit Amor: et nos cedamus amori.” (Virgilio, Bucolica, 10, 69)

Por más trabajos que hagamos, no podremos cambiar al dios del Amor, ni siquiera si en los momentos más fríos del año tratamos de beber el agua del río Hebro (se refiere al río Maritza, que está en Tracia), ni si soportamos en un invierno húmedo, las nieves que tienen los Sitonios, ni si trasladamos las ovejas de los Etíopes más al sur hasta la constelación de Cáncer cuando la corteza se seca y muere en lo alto del olmo. El amor vence todas las cosas: capitulemos ante el amor.

Comentario:

La traducción de los versos de Virgilio dice bien a las claras el sentido de la frase final, que no es otra cosa que una recapitulación de todo lo anterior. En los versos anteriores también pone distintos tipos de pruebas que suele o puede hacer el enamorado, y que dan sentido al verso final.

Virgilio es el máximo exponente de la poesía épica romana con su poema La Eneida, pero es un eminente lírico, sobre todo en poesía pastoril. Su obra Las Bucólicas se compone de 10 poemas más bien cortos, que no sobrepasan los 100 versos, y que trata de las virtudes del campo, de la vida retirada.

Virgilio, en sus Bucólicas, imita al griego Teócrito, que era el máximo representante de la literatura pastoril en la Grecia Clásica, pero no lo imita de una manera servil, sino que, teniéndolo como modelo, construye unos poemas totalmente originales.

Publio Virgilio Marón nació el año 70 a. C. en Andes, cerca de Mantua, en la Galia Cisalpina, al norte de Italia. Su salud fue bastante delicada y tenía una gran sensibilidad para recoger todo lo que su tierra natal, la dulce y brumosa Lombardía, le ofrecía. Él fue siempre hombre de campo, estuviera en el lugar que estuviera, fuera la capital, Roma, o cualquier otro sitio: como buen hombre de campo, gustaba de la vida tranquila, amaba a la tierra, era realista y un tanto tímido. Siempre recordaba la tierra y la campiña, aun cuando los temas fueran épicos.

Estudió la gramática en Cremona, y la retórica en Milán y Roma. Aquí se interesó por los círculos poéticos de Catulo, los “poetae novi”, y Lucrecio, que le despertaron su vocación y aprendió; lo mismo que en Nápoles, donde estudió todas las ciencias de entonces y adquirió el sentido de observación tan fino característico de su poesía. Pero volvió al campo, que era donde se encontraba más a gusto (año 43 a. C.).

Tal vez fue expropiado de sus posesiones para la entrega de tierras a los veteranos de las guerras civiles, pero, sea como fuere, más tarde recibió la recompensa, tanto por parte de Augusto como de otros bienhechores (Mecenas), de tal forma que llegó a contar con una fortuna suficiente para poder dedicarse a la poesía. Por razones de salud dejó la Cisalpina y se estableció en la Campania, donde se dedicó a escribir sus poemas, cuya composición tuvo que interrumpir en repetidas ocasiones por su mala salud: sufría de la garganta, del estómago, de la cabeza, y tenía vómitos de sangre.

Hacia los 28 años comenzó a escribir las “Bucólicas”, tarea que le ocupó 4 años. Se trata de cierto tipo de poesía pastoril, a imitación de los “Idulia”de Teócrito, pero imita con total libertad. Es un género ficticio, pero su sentir por el campo es muy fuerte, real y encantador, sobre todo en sus descripciones. Son 10 poemas no demasiado largos. Sólo dos pasan de los 100 versos: el 3º y el 8º.

A continuación, durante siete años compuso las “Geórgicas”: cuatro libros de algo más de 500 versos cada uno, que tratan sobre las labores del campo: tanto de los vegetales como de los animales. Destacan ciertos episodios, como los prodigios a la muerte de César (libro I); el elogio de Italia (libro II); la peste de los animales (libro III); Aristeo (libro IV), así como el tratamiento que da a las abejas.

Es la obra más perfecta de Virgilio, porque hacer interesante un poema didáctico tiene gran mérito. Se nota su ascendencia rural en el tratamiento de los temas y de las descripciones.

Pero su obra cumbre es la “Eneida”, a la que dedicó los 11 últimos años de su vida. Virgilio deseaba coordinar la belleza griega con el espíritu nacional romano, sumergirse en los tiempos homéricos y servir a la gloria de Augusto. El establecimiento en Italia del Troyano Eneas le pareció adecuado para su proyecto. Era una vaga leyenda que encontró apoyo en los santuarios, sobre todo en los de Venus, y que agradó a la imaginación de muchas familias nobles de Roma que pretendían entroncar con antepasados troyanos: los Julios en particular, familia adoptiva de Augusto, consideraban antepasado suyo a Iulo, hijo de Eneas y nieto de Venus.

Mientras trata de las vicisitudes de Eneas, jefe Troyano, para fundar una nueva Troya, dedica su entusiasmo a Augusto y a Roma. A Augusto, porque le hace descendiente de Iulo, hijo de Eneas y nieto de la Diosa Venus. A Roma, porque a través de toda la narración es Roma quien está presente. No en realidad, pero sí en el pensamiento y en el futuro. Por todo ello fue considerado el poema nacional, la epopeya que necesitaba Augusto para dignificar su cargo y, de paso, hacer de Roma lo más grande, ya que estaba en el pensamiento de los dioses; por ella los hombres entablan grandes combates: “Tantae molis erat Romanam condere gentem!” ¡Ay que ver lo que costaba poder fundar la raza romana!

Murió cuando estaba preparando un viaje a Grecia para comprobar in situ la localización de los hechos de su poema. Cuando estaba a punto de morir rogó a Augusto que quemara La Eneida, ya que consideraba que no esta a terminado y que le faltaba una revisión a fondo. ¡Menos mal que Augusto no le hizo caso! Esto ocurrió en el año 19 a. C. (cfr.: http://sapiens.ya.com/jomicoe <La épica romana>)

En algunos establecimientos que se dedican a vender cosas curiosas, se puede encontrar un artículo que se llama “almohada romana antirronquido”. Se trata de una pequeña almohadita rellena de hierbas aromáticas, como salvia, eucalipto, etc., que, según reza en la propaganda, ayudan a respirar y a dormir más placenteramente. Tiene bordada una inscripción: “amor vincit omnia et ubi stertet”, que se puede traducir por “el amor supera todas las cosas, incluso cuando se ronca”. En este texto hay una falta gramatical, ya que la forma stertet que procede del verbo sterto de la 3ª conjugación latina, no es presente ni de indicativo (stertit) ni de subjuntivo (stertat). La forma stertet es futuro imperfecto, y por lo tanto habría que traducirla por roncará, cosa que, evidentemente, no tiene sentido.

En la localidad de Villalómez, provincia de Burgos, el musicólogo burgalés Federico Olmeda encontró un canto de siega , en que este aforismo está presente. Se ve cómo hasta en los cantos populares aparece el dicho de que el amor todo lo puede.

Todo lo cría la tierra:

Todo se lo come el sol:

Todo lo puede el dinero:

Todo lo vence el amor.

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Junio

June 4, 2008 – 9:41 pm

El mes de junio fue nombrado así (Junius) en honor de la diosa Juno, la reina de los dioses romanos (la griega Hera), esposa de Júpiter. La primera mitad del mes era prohibido contraer matrimonio, porque era un período de purificación. Durante este mes, las vírgenes vestales celebraban su fiesta anual (del 7 al 15). Fue también en junio (455) que los vándalos saquearon Roma.

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Non causa bis in idem

June 4, 2008 – 8:50 pm

“No dos veces sobre el mismo”. Axioma jurídico, según el cual por el mismo delito no se ha de sufrir más que una persecución, a no ser que se pruebe en la segunda que se procedió con dolo en la primera.

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Pompeya virtual

May 31, 2008 – 8:53 pm

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Homo homini lupus

May 31, 2008 – 8:31 pm

“El hombre es lobo del hombre”. Frase extractada de un epigrama de Tomás Hobbes (1588-1679), quien se inspiró en el pasaje del drama Asinaria de Tito Maccio Plauto (254-184 a.C.), en que se dice: Lupus est homo homini, non homo (el hombre es lobo del hombre, no hombre).

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Aliquando bonus dormitat Homerus

May 24, 2008 – 10:44 am

Horacio: Ars poetica 359

“Et idem indignor quandoque bonus dormitat Homerus;
verum operi longo fas est obrepere somnum”

Ciertamente yo mismo me indigno porque en algunas ocasiones hasta el bueno de Homero se queda traspuesto; aunque cuando el trabajo es largo está permitido que el sueño haga acto de presencia.

Comentario:

El gran poeta Homero, autor de las dos epopeyas más grandiosas de la antigüedad clásica, La Ilíada y La Odisea, podía permitirse el lujo de cometer algún error, lo cual no empaña en absoluto su grandeza. Es como si se dejara llevar por el sueño en algún momento, de forma que el verso o la narración no le saliera todo lo bien a que nos tenía acostumbrados.

En el libro XV de la Odisea, Menelao se muestra tan casero que manda a su camarero Etheoneo que vaya a encender la lumbre y asar el almuerzo de Telémaco, con otras vulgaridades y puerilidades indignas de la pluma de Homero. Esto fue lo que indujo a Horacio a escribir la frase en cuestión. (Cfr. José Mª Iribarren, El porqué de los dichos, pág. 324)

Dice Horacio que las personas que se dedican a escribir, sobre todo poesía, pueden tener el peligro de quedarse un poco dormidos durante su trabajo, ya que es pesado y largo, y, además, en solitario. Él se indigna, pero lo comprende.

Horacio escribe estos versos en la “Epistula ad Pisones”, un conjunto de consejos de tipo literario que dirige a los hijos de Calpurnio Pisón, gran personaje de la sociedad Romana (los Pisones). También es conocida esta carta con el título de “Ars poetica”, ya que los consejos que da son referentes a las artes poéticas, a las leyes que rigen la creación poética: composición, elocución, métrica. Ante todo el creador literario tiene que tener muy claro que se dedica a un oficio que exige un trabajo continuo que le hará huir de la mediocridad.

En nuestro idioma tenemos más de un refrán que expresa muy bien lo que quiere decir: “Hasta el mejor escribano echa un borrón”. Todas las personas tenemos la debilidad de cometer errores, hasta el más experto en su trabajo.

¿Quién era Horacio? Suetonio en su libro “De viris illustribus”, en el apartado “Vita Horatii”, 16, nos lo dice de la siguiente manera:

“Natus est VI idus decembris L. Cotta et L. Torquato consulibus, decessit V kal. decembris C. Marcio Censorino et C. Asinio Gallo consulibus post nonum et quinquagesimum annum herede Augusto palam nuncupato, cum urgente vi valetudinis non sufficeret ad obsignandas testamenti tabulas. Humatus et conditus est extremis Esquiliis iuxta Maecenatis tumulum.”

“Nació el día sexto antes de las idus de diciembre (8 de diciembre) durante el consulado de L. Cotta y L. Torcuato (65 a. C.), y murió el día quinto de las calendas de diciembre (27 de noviembre) cuando eran cónsules C. Marcio Censorino y C. Asinio Galo (8 a. C.), a la edad de cincuenta y siete años, después de designar públicamente heredero de sus obras a Augusto; murió de una manera casi repentina, tanto que la fuerza de la enfermedad ni siquiera le permitió firmar su testamento. Sus funerales tuvieron lugar, en la parte más alejada del Esquilino, junto a la tumba de Mecenas.”

Quintus Horatius Flaccus (65 - 8 a. C.) nació en Venusia, cerca de Lucania. Su padre era un liberto que se dedicaba a recaudar el dinero de los impuestos (coactor), que es lo que nos dice el mismo Horacio, pero que, según otros, también hacía negocios como traficante de salazones (salsamentarius). De ahí que cuando se le quería molestar se le decía: “Quotiens ego vidi patrem tuum bracchio se emungentem!”, “¡Cuántas veces he visto a tu padre con el brazo metido hasta el codo!” (Suetonio).

Horacio no se avergonzó en ningún momento de su origen, ya que su padre le dio todo lo necesario para que tuviera una sólida formación moral y los medios para que su instrucción fuera la misma que la de los niños de las familias nobles. Su padre le llevó a Roma todavía muy joven, con lo que se convirtió en un joven urbano, sin referencia a la vida campestre y rural, como Virgilio, aunque ama el campo por la tranquilidad que se respira y como refugio en los momentos de mayor actividad. Allí, en Roma, fue su padre quien le dio las primeras lecciones como pedagogo, ya que él prefería no tener que fiarse de un esclavo para una tarea tan delicada. Pasó al estudio de la gramática y leyó las obras de los antiguos escritores latinos, pero también de los griegos, y leyendo las muestras de la poesía griega descubrió su vocación por la belleza. Sus primeros versos los escribió en griego.

Gracias a la generosidad y a la inteligencia de su padre, Horacio pudo ir a completar sus estudios a Atenas. Allí le llegó la noticia de la muerte de César, y de los consiguientes problemas que se originaron en Roma a raíz del asesinato del dictador.

Horacio pertenecía al círculo de los jóvenes partidarios de la república, causa que veían defendida por Bruto. Éste le encontró cuando fue a Grecia a reclutar soldados para su ejército, y le confirió el cargo tribunus militum (tribuno de los soldados). Participó en el año 42 en la batalla de Filippos, y como él bien dice, no tenían nada que hacer contra el ejército de Antonio y Augusto. Por ello, en el momento de la derrota fue uno de los que tiró el escudo y huyó. Él nunca lo consideró deshonroso. Se benefició de la amnistía decretada por el triunvirato formado por Octavio Augusto, Marco Antonio y Lépido.

Quedó arruinado, y compró un cargo de escribano en las oficinas de los cuestores, lo que le permitió poder escribir poesía (Sátiras y Epodos), con lo que comenzó a darse a conocer como poeta. Virgilio y Vario adivinaron su valor y porvenir en el campo de la poesía y le presentaron a Mecenas el año 39. La primera entrevista fue fría, ya que Horacio era tímido y no hubo comprensión mutua en aquel momento. Más tarde se volvieron a encontrar, ya que Mecenas valoró mucho la discreción de Horacio que no había hecho nada para volver a verle, le llamó y le introdujo en el círculo de sus amigos. Mecenas ha pasado a la historia de una manera un tanto gris, bajo la sombra de Augusto, por un lado, de quien fue consejero, y de los grandes poetas a los que apadrinó y a los que proporcionó la suficiente seguridad para que pudieran dedicarse a llevar a cabo sus obras maestras. Mecenas despreciaba la vulgaridad y se dejaba llevar por una elegancia discreta y refinada al mismo tiempo.

El año 33 a. C. Mecenas le regaló una casa de campo en la Sabinia. Augusto quiso hacer de Horacio su secretario epistolar, pero él no se aprovechó de la situación para trepar en los distintos cargos de la administración. Prefería esa “aurea mediocriotas” que se podría interpretar como una medianía tranquila y sin sobresaltos, pero que al mismo tiempo produce tanto placer que se puede comparar con el oro.

Conservaba su ocio sin molestar a nadie en provecho de sus letras y de la filosofía. Su vida se desarrollaba entre Roma y su finca de la Sabinia, de una forma tranquila que le permitía dedicarse a sus poemas.

El año 8 a. C. murió Mecenas no sin antes haber recomendado a Horacio delante de Augusto. Pero el mismo Horacio murió poco después de una manera repentina y sin haber podido redactar su testamento. Lo que no fue óbice para que delante de todos los que pudieron oírle decretase que Augusto era el destinatario de todos sus bienes. Se le hicieron unos suntuosos funerales y se le enterró cerca de donde había sido enterrado Mecenas.

Era un hombre rechoncho y tranquilo, debido a su complexión. Supo gozar sin estridencias de todos los placeres del campo y de la ciudad, de la sociedad más escogida de Roma y de la soledad de su finca. Fino observador y agudo psicólogo nada le pasaba inadvertido. Su moral era la de la moderación, práctica y realista. Se defendía cuando se le atacaba y se enfadaba cuando alguien escribía mal o con malos versos. Era bastante egoísta y no tiene nada de héroe.

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Cave canem

May 22, 2008 – 3:49 pm

Petronio fue un novelista romano que se cree que vivió en tiempos de Nerón. Parece ser que procedía de una familia de libertos, aunque llegó a ser reconocido como el árbitro de la distinción y la elegancia en Roma. Escribió una novela titulada “El Satiricón”, en la que aparecen las clases sociales más bajas de Roma, aunque fueran ricos, como el liberto Trimalción, que invita al protagonista a cenar. Con esta disculpa describe el vestíbulo y las pinturas del atrio de la casa de Trimalción. (Petronio, “El Satiricón”, 28, 6)

“Según entras a la izquierda, no lejos de donde estaba el portero, en la pared, alguien había pintado un perro enorme atado a una cadena, y sobre él, escrito con letras mayúsculas, se leía la siguiente inscripción: “cave canem”, que quiere decir “cuidado con el perro”.

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